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Slow Life a medida.

Actualizado: 14 abr 2023

Decirle a una persona que la forma más simple de salir adelante tal vez comience con parar y tomarse las cosas con calma puede provocar varias reacciones y respuestas interesantes. Si además esa persona lleva en sus hombros un emprendimiento y para suerte o desgracia está desbordado de trabajo y diversas tareas para hacer frente, soltarle un consejo así ya es de valiente.

Para algunos autores el movimiento lento se trata de una forma de entender nuestra realidad, es una corriente ideológica y práctica que busca desacelerar el ritmo de vida vertiginoso en el casi todos estamos inmersos hoy por hoy. Esto se aplica no solamente a nuestra forma de trabajar sino también a lo que consumimos, a como nos relacionamos con otras personas y al tiempo que dedicamos para nuestro cuidado y crecimiento personal. Lo sé, suena muy amplio y alguno pensará que es una moda ya que podemos escuchar hablar del movimiento lento por todos lados, como respecto a la comida, el diseño, la urbanización, la indumentaria, el arte, la educación y hasta en el sexo. Yo no creo que sea una moda pasajera, creo que es una filosofía de vida que llegó para quedarse y que todo el que quiera puede incorporarla en su vida a su medida.

El autor que te recomiendo leer hoy es Carl Honoré. Tiene dos libros cuyos títulos para una persona ansiosa como yo fueron sumamente llamativos, el primero es “Elogio a la lentitud” y el segundo “La lentitud como método”, editados en español por RBA.

Mi intención es poder explicarte de forma muy básica de qué tratan ambos libros y esta filosofía de vida, pero quiero compartir también como pude hacer yo para aterrizar todo esto, porque por momentos me parecía que iba a ser imposible frenar en el torbellino que era mi día a día y el emprendimiento.

Sentía que bajar el ritmo disminuiría mi productividad, que frenaría el crecimiento de Quica, y económicamente me daba mucho miedo que se sintiera en la facturación. Sin embargo, las consecuencias de hacerlo me han resultado muy beneficiosas en varios aspectos.


En “Elogio a la lentitud”, el autor busca abrirnos los ojos mediante diferentes ejemplos y reflexiones. Insiste en que vivimos en una carrera contra reloj dentro de un mundo obsesionado con avanzar rápidamente, con consumir y producir más en menos tiempo. Inmersos en esta rutina que nos mantiene siempre ocupados no vemos el daño que nos produce vivir a la carrera, no solo ligado a nuestras relaciones personales y salud física, sino también a nuestra comunidad en general y el medio ambiente.

El autor expone que, desacelerando en los momentos correctos, las personas descubren que hacen todo mejor. Comen mejor, se ejercitan mejor, trabajan mejor, se relacionan mejor, viven mejor.

Por ejemplo, el movimiento de comida lenta que comenzó en Italia, pero se ha expandido por el mundo, tiene un mensaje muy sencillo que es que obtenemos más placer y más salud de nuestra comida cuando cultivamos, cocinamos y consumimos a un ritmo razonable.

A veces menos y más lento es mejor, porque nos permite despejarnos, liberar tensión y descansar. Como consecuencia, esto aumenta nuestra creatividad y, además, tenemos la mente fresca para enfrentarnos al trabajo, a las distintas situaciones o problemas que nos puedan surgir en el día y dar una respuesta de forma más eficiente.

Según el autor, la velocidad no solo nos da una carga de adrenalina, sino que se vuelve como una especie de aislamiento. Nos llenamos de distracciones y nos ocupamos, así no tenemos que hacernos preguntas existenciales como, por ejemplo: ¿estoy haciendo las cosas bien?, ¿qué estoy haciendo de mi vida?, ¿soy feliz? Y cree que la otra razón de por qué se nos hace tan difícil frenar es el tabú cultural, lento es una mala palabra en nuestra cultura porque lo percibimos como sinónimos por ejemplo de vago y tonto. El principal objetivo del Movimiento lento es derribar ese tabú.

Se entiende que no siempre la solución lenta es la mejor opción, a veces se necesitan acciones y respuestas rápidas, el punto es entender que parar y darse tiempo también es productivo y beneficioso.

Y por aquí podemos enlazar con el segundo libro porque "La lentitud como método" nos habla precisamente de eso, de cómo ser más productivos y eficientes tomándonos el tiempo necesario. Es un libro con muchos ejemplos de grandes empresas, equipos, instituciones y personas influyentes, que yo aquí no voy a poder desarrollar, pero me parecen muy enriquecedores así que te aconsejo que lo leas.


En el comienzo del libro nos explica porque muchas veces optamos por la opción rápida, se respalda en varios estudios y hechos de la vida cotidiana. Yo me vi reflejada en algunas de estas explicaciones, como por ejemplo cuando hago algo por inercia, porque estoy mecanizada a hacerlo de tal manera y por lo tanto no paro a pensar si realmente no hay otra forma mejor de hacerlo. Lo curioso es que muchas de las veces que me tomé el tiempo de estudiar alguno de los procesos productivos de mi taller, no sólo me di cuenta de que había otra forma de hacerlo sino también que hasta podía ser más ágil o económica, es decir más eficiente.

El autor nos da varios ejemplos de porque trabajar por inercia, sin parar, sin observar los detalles nos puede llevar a cometer errores de todo tipo; aclara además que luego de cometido el error lo peor que se puede hacer es buscar una solución rápida para salir del paso y luego olvidarnos del problema. Es fundamental asumir que nos podemos equivocar para tener la mente abierta, la capacidad de analizar el problema y rastrear cuál fue el error que lo generó, pero hacerlo a conciencia. Se trata de utilizar el pensamiento holístico, de unir todos los puntos, de ver todo el abanico de factores involucrados y como están interconectados. Tener esta panorámica del conjunto permite diseñar soluciones más acertadas.

Debemos ver las crisis ya sean grandes o pequeñas como una oportunidad para parar, analizar, empezar de nuevo y mejorar.

Continúa hablándonos de la importancia que tiene pensar a largo plazo, tanto para resolver un problema complejo, para comenzar nuevos proyectos, o alcanzar metas importantes, trazar un plan a largo plazo teniendo un propósito claro nos da tranquilidad, nos hace más efectivos y conscientes de nuestro tiempo y los pasos que damos cada día (en contra o a favor) para llegar a nuestro objetivo.

Aunque planear a largo plazo venga acompañado de sacrificios en los objetivos financieros a corto plazo, insiste en que pensar así proporciona una ventaja competitiva que nos permite hacernos un hueco en el futuro mientras los demás se pelean por el aquí y el ahora.

Este concepto para mí como emprendedora es fundamental porque está directamente relacionado a la sostenibilidad del emprendimiento y la proyección de crecimiento, en el libro se desarrolla de forma bastante extensa y está acompañado con citas por ejemplo de Bill Gates y Jeff Bezos (el fundador de Amazon).

Directamente ligado al pensar en largo plazo está el no descuidar los detalles. Aunque a primera vista los detalles pasen desapercibidos es en la sumatoria donde ganan fuerza, se vuelven fundamentales y marcan la diferencia. Por eso es recomendable cuando se nos viene a la cabeza un pequeño detalle que pueda aportar a nuestro trabajo, bienestar o a resolver un problema, que hagamos un esfuerzo por registrarlo y tenerlo presente, porque cuando entramos en piloto automático puede ser lo primero que perdamos de vista.

Otro punto importante en el pensar a largo plazo es prepararse. Para poder actuar rápidamente y de manera acertada en determinadas circunstancias antes debemos haber dedicado un tiempo a estudiar, investigar, formarnos y aprender a escuchar y desarrollar la capacidad de intuición que te da la experiencia previa. Debemos buscar la mejora continua, ponernos a prueba y no dejar de enriquecer nuestra base de datos personal.

El autor reivindica la importancia del trabajo en equipo, de colaborar, saber escuchar distintos puntos de vista y de aprender a delegar. También dedica un capítulo entero a la figura del catalizador, entendido como el líder, el encargado de unir al equipo, de inspirarlo y guiarlo. Esta persona determina el carácter de la empresa. Es imprescindible que tenga la capacidad de llevarse bien y comprender a todas los integrantes del equipo, esa capacidad hoy la conocemos como inteligencia emocional, pero también se encarga de cumplir y encaminar el trabajo para llegar a los objetivos marcados de forma decidida y eficiente. Sería algo así como combinar la mano de hierro y el guante de seda. Esta figura busca la mejora continua tanto individual como grupal.

No debemos ver la inteligencia emocional solamente como una herramienta para desarrollar en el ámbito laboral sino en la vida misma, ajustar el termostato emocional, tomarse el tiempo necesario para comprender y canalizar nuestras emociones es esencial para una vida equilibrada.

Honoré cita a Platón cuando indica “El comportamiento humano fluye desde tres fuentes principales: el deseo, la emoción y el conocimiento”. Esto quiere decir que por más racionales y lógicos que creamos o queramos ser, siempre va a haber una cuota emocional influyendo en nuestras decisiones y nuestro ánimo.

Otro punto de la solución lenta es resolver los problemas de a uno, como si fuera un juego en el que vamos pasando etapas. Enfocarnos, priorizar, crear una estrategia y tener un progreso mesurable y creciente es lo que nuestro cerebro necesita para mantenerse estimulado, tampoco está de más la idea de darnos pequeñas recompensas por los objetivos logrados.


Todo esto parece muy lógico, pero eso no quiere decir que nos resulte fácil visualizar un cambio en nuestro estilo de vida. Te cuento como deje de correr contra reloj.


Al principio te comentaba que cuando yo comencé a escuchar y leer sobre este movimiento me parecía poco aplicable en mi día a día, digamos que lo visualizaba como una escena de Disney con los pajaritos cantando alegremente y todo color de rosa, pero en ese momento mis días eran más parecidos a la Batalla de Mordor.

Lo que me ayudó fue que tengo la cualidad de la terquedad, y luego de tomada una decisión busco la forma de llegar a la meta sin parar, antes lo hacía a cualquier costo, ahora intento ser más inteligente.

Mi forma de adoptar la lentitud como método fue hacerlo a mi medida, visualizando en qué áreas necesitaba bajar el ritmo y como podía de a poquito ir incorporando hábitos que me ayudarán a cambiar. También me sinceré con respecto a cuáles hábitos son viables para mí en este momento y cuáles tendrán que esperar.


Lo primero que ataqué fue mi cabeza, estoy intentando cambiar mi forma de ver las cosas y algunos paradigmas que eran parte de mí, por ejemplo, sigo siendo autoexigente pero no me castigo cuando cometo un error, lo asumo, respiro y busco la forma de arreglarlo; me exijo ser cada día más eficiente y productiva, pero soy consciente que para eso tengo que formarme continuamente, así que en mi agenda ahora hay un espacio para leer, investigar, estudiar y planificar. Como me lleva un ratito concentrarme porque soy bastante dispersa, utilizo las mañanas para esta tarea porque son el momento del día más tranquilo y hay menos distracciones externas.


Parte del movimiento lento también tiene que ver con cuidar nuestro cuerpo, y esto abarca hacer ejercicio, la forma en que nos alimentamos y el tiempo de descanso.

Los gimnasios y las clases de yoga por el momento no son para mí, así que la resolución para hacer ejercicio que tomé fue que siempre que pueda me traslado caminando. Caminar me gusta, no me cuesta y me ayuda a despejarme. Pasé de no hacer nada a caminar mínimo cuatro kilómetros por día y me ha cambiado hasta el ánimo. Esos kilómetros son lo que me lleva ir y volver de mi casa al showroom‑taller de Quica, lo bueno es que en la ida voy repasando las tareas que tengo que realizar en el día entonces cuando llego estoy tranquila porque tengo mi día organizado, y a la vuelta me ayuda a despejarme de la jornada laboral. Los días que no voy hasta el local intento salir, aunque sea un ratito.

En cuanto a la alimentación, no me obligué a cambiarla drásticamente, no consumo sólo productos orgánicos ni me prohibí llamar un delivery de algo gordito cada tanto, pero sí trato de comer más sano, balanceado y sobre todo de cocinar. Como cocinar lleva su buen tiempo, intento organizarme, realizar las compras para la semana un día puntual para tener todo a mano y dejar encaminadas las cosas que pueda congelar o refrigerar. Lo bueno de pensar previamente, aunque sea de forma aproximada, un menú semanal es que cuando vas con la lista al súper no terminas consumiendo más de lo necesario.

En cuanto al descanso, no duermo siempre 8 horas, pero no es porque me quede trabajando a lo loco, puede ser porque me atrapó una de las novelas que leo en la noche para despejarme, me quedé de charla con alguien o salí a pasear.

La mayor dificultad fue bajar el ritmo en el emprendimiento, permitirme trabajar más lento y menos horas, todo intentando que no disminuyera la facturación.

Siempre me gusto tomarme mi tiempo para diseñar, para investigar, hacer pruebas y cuidar los detalles, emprendí para poder disfrutar todo eso, pero en un momento Quica empezó a crecer de golpe y yo empecé a trabajar cada vez más y a andar más a la carrera. Ahora todo lo que yo buscaba tenía un nombre Diseño Lento, y decidí que quería volver a trabajar así, saboreando el proceso de proyecto y producción de cada pieza, pero para eso no sólo tenía que volver a cambiar mi mecanismo de trabajo, también debía explicar a mis clientes como era mi proceso de trabajo y que en algunos casos los tiempos de entrega se iban a prolongar, y en el mundo de lo veo y lo quiero ahora, la respuesta que recibí de la mayoría de ellos fue realmente gratificante.

Lo que hice fue explicar tanto en redes sociales como cada vez que me contactaba uno de ellos qué era la filosofía del Diseño Lento y que Quica ahora se iba a regir por sus principios, si es necesario me tomo el tiempo para contarles como es mi forma de proyectar y los procesos productivos más en detalle, si me lleva más tiempo de lo previsto realizar la entrega les pido disculpas, explico las razones y he llegado a ofrecer reembolsos cuando me parecía lo correcto. La respuesta es buena, yo hago mi trabajo tranquila y ellos aprecian que les entregues un producto con responsabilidad y dedicación.

Otra decisión difícil de tomar fue reducir el horario de atención al cliente en el showroom y de producción en el taller, pero fue fundamental para mi nueva organización. Liberé los lunes, martes y la tarde de los sábados para trabajar desde casa. Son los días que me siento tranquila a diseñar, organizar proveedores, armar presupuestos, y planificar. En estos días dedico menos horas a Quica porque dejé un huequito para otro proyecto personal y ocio. De miércoles a viernes el showroom abre 8 horas y los sábados sólo 3 horas. Es verdad que tener la tienda online trabajando 24 horas los 7 días de la semana me ayudó a tomar la decisión.

Los domingos intento tomarlos como sagrado, sólo trabajo si realmente me apetece y es algo creativo.

En resumen, los procesos de Quica se han alargado y he reducido las horas de trabajo así que los clientes a veces tienen que esperar un poquito más por sus pedidos, pero ahora los clientes saben por qué esperan, y yo al estar más tranquila, me comunico mejor con ellos, les puedo responder todas sus dudas y ofrecerles productos más acertados o que no habían visto y, como consecuencia, aumento mi capacidad para cerrar ventas. Así que, aunque sea difícil de creer, corro menos y facturo más.

Por último, un punto importante a destacar del movimiento lento es ser conscientes de la forma en que consumimos y el impacto que tiene a nivel social y ambiental. Yo personalmente no soy una gran consumidora, cuando adquiero un producto me planteo si realmente le voy a dar un uso prolongado, y qué va a pasar si dejo de utilizarlo. Intento siempre que me es posible apoyar pequeños negocios locales, porque sé el impacto que tiene a nivel directo para las personas que allí trabajan, e indirectamente la cadena de proveedores y prestadores de servicios que mueve ese negocio.

Incluso el impacto ambiental de nuestras compras no se limita sólo a como este hecho el producto sino a cuánto ha viajado y gastado de combustible para llegar a nuestras manos.

También soy consciente al diseñar y producir, lo hago con cuidado tratando de generar el menor impacto posible en el medio ambiente, y me esfuerzo por crear productos funcionales de líneas simples y atemporales para que puedan tener una vida útil prolongada. Si un objeto, aunque haya nacido con un propósito decorativo, pasa a la siguiente generación, yo soy feliz.

Por aquí finalizo este artículo, espero como siempre haberte aportado, aunque sea un granito de arena.

Te agradezco por haber compartido tu tiempo conmigo y quedo a las órdenes si quieres hacerme alguna consulta o comentario.

¡Que pases lindo!

*Puedes conseguir los libros en los siguientes links


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